Mostrando entradas con la etiqueta Consejos y recursos literarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Consejos y recursos literarios. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de septiembre de 2015

¿Sabemos describir?

¡Hola a todos!
Cuando os enfrentáis a las descripciones, ¿cómo lo hacéis? ¿Describís a los personajes con tanto detalle que se les ven hasta las caries o preferís que el lector imagine cómo son? ¿Os gusta explicar todas las glorias y carencias de la flora y fauna de un lugar, o pasáis de esos aspectos por pareceros poco relevantes? Creo que este tema es bastante interesante, por eso os traigo mis propias conclusiones. Las descripciones...

Deben ser claras y realistas: Parecerá una tontería, pero esta es la premisa más importante y que más veces se ignora. Antes de escribir una sola palabra, imaginad la escena y a sus personajes. La imagen que tengáis en vuestra cabeza debe ser muy nítida y sería conveniente que os acompañara un inspector del CSI. ¿Por qué? Pues porque, a veces, estamos tan inmersos en nuestra historia, que olvidamos las leyes de la física (esto también vale para los mundos de fantasía. Todos ellos tienen sus reglas y las descripciones deben ser coherentes con ellas). ¡No exagero! Os pondré un ejemplo:
«Fulanita estaba furiosa con su marido porque había vuelto a dejar abiertos todos los armarios de la cocina. ¿Es que no entendía que eso no era bueno para sus nervios? Galopó hasta el cuarto de baño, consciente de que él la seguía, y, mientras se lavaba los dientes, se deshacía la trenza y hacía pipí, le gritaba que era un insensible...»
Ya sé que se dice mucho eso de que las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez, pero ¡cuidado!, solo tenemos dos manos y una boca. Si puedes, comprueba si lo que has descrito puede hacerse. Es difícil gritar cuando te estás lavando los dientes, en ese caso, el espejo sufriría la ira de Fulanita, ¡ah, no!, ¡que también estaba haciendo pipí! No necesitamos enumerar muchas acciones para demostrar que nuestro personaje está a punto de colapsar. Si escogemos bien las palabras, con una acción potente nos sobra.
Cuando acabemos la descripción, dejemos que la lea nuestra parte crítica (el inspector del CSI). No seamos benévolos con nosotros mismos. Si algo no encaja o nos hace levantar una ceja... cambiémoslo.

Deben ser constantes y sutiles: Bien, y eso ¿qué significa? Pues con ello quiero decir que no deben distraer al lector ni alejarlo de la acción de la escena. Imaginad que queremos describir una pelea. Dos de nuestros protagonistas están deseando hacerse unos arreglitos faciales entre sí. Llevan toda la novela retándose con miradas asesinas y comentarios mordaces, y llega el momento de pasar a las manos. Fijaos en el ejemplo:
«La ira explotó dentro de Cetanito. Sin poder controlarse más, se abalanzó contra Menganito y lo golpeó en la mandíbula con la fuerza de un titán. Sintió crujir los dientes de su enemigo y sonrió satisfecho. Menganito se tambaleó un poco, pero no estaba dispuesto a dejarse intimidar delante de su adorada Fulanita. Se había vestido para la ocasión, con traje gris de raya diplomática, una camisa de seda de color azul noche, una corbata con destellos plateados y sus mejores zapatos; incluso llevaba el rolex de su abuelo. Antes de lanzarse contra Cetanito como un tornado furioso, observó su alrededor y maldijo en silencio. Su rival había escogido ese lugar a propósito para mancillar sus recuerdos con Fulanita. No podría volver a mirar con cariño esas praderas salpicadas de coloridas margaritas, ni relajarse ante el divertido sonido de los pajarillos; tampoco volvería allí para jugar al escondite entre las ruinas vestidas de verde musgo; tendría que buscar otro sauce llorón bajo el que hacer manitas con su adorada Fulanita. La rabia lo recorrió de los pies a la cabeza y le lanzó una patada...»
En este texto aparecen dos descripciones: una de vestuario y otra de ambiente. Ambas interfieren en la acción, retrasándola. ¿De verdad creéis que el lector necesita saber todos los detalles de la vestimenta del personaje? Bueno, si fuese a salir corriendo al Corte Inglés para vestirse igual, tal vez, pero dudo de que la mayoría de los lectores hagan algo así. Nuestras historias no deben ser interrumpidas por anuncios gratuitos. Nadie nos dará comisión por ello. Pensadlo.
Es bueno enmarcar la escena en un lugar y, para ello, podemos hacer una descripción más o menos detallada. Si es extensa, es mejor ponerla al principio de la escena, para que el lector se sitúe; si es una descripción activa, podemos ir entrelazándola con la acción:
«Menganito cayó inconsciente sobre las coloridas margaritas, salpicándolas de sangre. Cetanito aprovechó para atarlo en el tronco del sauce llorón que había sido testigo de sus besos secretos con Fulanita. Lo miró con desprecio y sonrió. Su traje había quedado convertido en harapos. Ese niño pijo se lo pensaría dos veces antes de acercarse a su prima de nuevo. Le quitó el rolex y se lo guardó en el bolsillo, seguro que encontraría a quién vendérselo.» 
Pero nunca, nunca, debemos detener la acción para describir. Dejemos que nuestros lectores disfruten de nuestras historias sin interrupciones ni anuncios publicitarios, para eso ya tienen la televisión.

Deben tener en cuenta todos los sentidos: Al describir, no podemos centrarnos solo en lo que nuestros personajes ven. ¿Qué sienten? ¿Qué perciben? Tal vez sus estómagos se despiertan al oler un rico estofado, o se estremecen por el frío de las gotas de lluvia; puede que una voz les traiga recuerdos o los ponga nostálgicos, o el olor de una persona desconocida les resulte familiar. No nos limitemos a describir cómo visten o qué ven, porque aunque sean personas imaginarias, son tan sensitivas como las reales, y solo así, sus vidas, acariciarán el alma del lector.



Deben tener en cuenta el significado de las palabras: De nuevo, esta premisa puede pareceros absurda, pero no lo es. Las descripciones se forman con palabras y es nuestro deber encontrar las más adecuadas para lo que queremos transmitir o mostrar. Ampliar nuestro vocabulario será nuestra mejor opción, y el diccionario será nuestro mejor aliado. No podemos ser perezosos en esto. Cuando escribo, siempre tengo abiertos tres diccionarios: el de la RAE, el Panhispánico de dudas y el de sinónimos y antónimos. Ante cualquier duda, por nimia que me parezca, acudo a ellos. Os sorprendería la de veces que he descubierto palabras que están fuera de contexto porque los autores que las han enlazado creían que significaban algo totalmente distinto.
Volviendo al primer ejemplo, al de la histérica de Fulanita. Por bruja que parezca, no me la imagino subiéndose en la escoba y galopando sobre ella hasta el baño, ¿vosotros, sí?

Esto es todo por hoy, pero no doy por finalizado este tema porque podemos aprender mucho más de él. De momento, pensemos en estos cuatro puntos para ponerlos en práctica. ¿Os han sido útiles? ¿Qué pensáis de las descripciones y de los puntos expuestos?

lunes, 22 de junio de 2015

Claves para construir un texto más claro

¡Hola a todos!
La entrada de hoy quiero dedicarla al cuidado con el que debemos tratar nuestros textos para hacer la vida de nuestros lectores más sencilla. Sus ojos deben pasearse por las letras sin obstáculos que los detengan o los hagan retroceder. Deben disfrutar de la experiencia sin resoplidos frustrados. Nuestras palabras deben mantenerlos intrigados, atrapados; deben enamorarlos y hacerlos suspirar.
Pero, ¿cómo lo conseguimos? Ahí van algunos consejos:
  • Utiliza palabras sencillas: ¿Crees que utilizando palabras antiguas, técnicas o rimbombantes obtendrás una mejor opinión de lector? Lamento decirte que no. Si lo obligas a acudir al diccionario cada dos por tres, lejos de agradecerte tu labor cultural, se aburrirá y abandonará la lectura. Es el problema de los clásicos. Son maravillosos cuando un profesor de literatura te sitúa en el contexto y te aclara los escollos; o cuando voluntariamente quieres empaparte de la técnica de los escritores que marcaron la historia de las letras; sin embargo, los jóvenes (y los que ya no lo son) encuentran esos textos oscuros y les cuesta digerirlos.
  • Forma frases fluidas: Hay muchas formas de construir una frase. El orden de las palabras y de los complementos afecta directamente al significado y la comprensión del texto.
    • Controla la posición de los incisos explicativos, colocándolos al lado del nombre que complementan, porque no es lo mismo decir: «La carta del director a los padres» que «La carta a los padres del director». ¿Te das cuenta de la ambigüedad que puedes generar?
    • «No mezcles peras con manzanas». No puedes intentar coordinar verbos que van acompañados por preposiciones diferentes. «Marta amaba y bailaba con Ramón», es incoherente, no tiene sentido. La opción correcta sería: «Marta amaba a Ramón y bailaba con él».
    • «Cada oveja con su pareja». Debes evitar que adverbios e incisos se infiltren entre las siguientes parejas: sujeto y predicado, predicado y complemento de objeto, auxiliar y participio pasado. Para lograrlo, coloca los elementos en discordia delante o detrás de estas parejas, sobre todo si se trata de un inciso muy largo. «La abeja Maya, en los días de primavera, volaba de flor en flor» (¡¡Mec, error!!). «En los días de primavera, la abeja Maya volaba de flor en flor» o «La abeja Maya volaba de flor en flor en los días de primavera». ¿Ves la diferencia? 
  • Elimina las palabras superfluas: ¿Por qué? Porque si las eliminamos no alteramos el significado de la frase, pero sí la hacemos más breve y fácil de leer.
    • Numerales obvios: Tenía dos ojos verdes/Tenía ojos verdes.
    • Pronombres relativos (en especial los indirectos): Sustituiremos las proposiciones relativas por un complemento. «Necesitas leer las instrucciones con las que podrás montarlo/Necesitas leer las instrucciones para montarlo».
    • Dobles negaciones: Suelen obligar al lector a releer la frase para acabar de entenderla, por lo que es mejor utilizarlas con cuidado. «No es conveniente dejar de tomar en consideración estos consejos»,¿qué es lo que ha dicho?, ¿hay que ignorarlos o seguirlos? Sería mejor escribir: «Es conveniente/Conviene tomar en consideración estos consejos».
    • Expresiones burocráticas: alguna puede pasar inadvertida, pero su uso frecuente convertirá nuestro texto en fatigoso y largo. (en orden a, inherente a, por lo que concierne a, en relación con, al efecto, respectivo...) «Los profesores acudieron a la cena con sus respectivas parejas». Si eliminamos «respectivas» el significado no varía.
  • Frases activas versus pasivas: La activa es mucho más directa y comprensible. Se aconseja en todos los casos posibles. «Esta entrada ha sido dedicada por mí a la construcción de textos más claros» (pasiva). «He dedicado esta entrada a la construcción de textos más claros» (activa).
  • Evita la repetición de sonidos (también en los nombres de los personajes): Deja estas repeticiones para la poesía o los anuncios publicitarios. Evita las palabras parecidas o que contienen la misma raíz. «Los vocablos del vocabulario», por «las palabras del vocabulario». («Dumbeldor», ya sé que no se escribe así, estamos hablando de sonidos.../Voldemort).
  • Evita las asimetrías: Es mucho más claro presentar informaciones paralelas con construcciones lingüísticas simétricas.
    • De los nombres: «La amaba por su bondad y porque era muy simpática» (Construcción asimétrica). «La amaba por su bondad y por su simpatía» o «La amaba porque era muy bondadosa y simpática» (Construcciones simétricas).
    • Del verbo: «Leer abre nuestras mentes y escribiendo potenciamos nuestra creatividad» (Construcción asimétrica). «Leer abre nuestras mentes y escribir potencia nuestra creatividad» (Construcción simétrica).
    • Del adjetivo: «El idioma chino se está expandiendo más que el idioma de Inglaterra» (Construcción asimétrica). «El idioma chino se está expandiendo más que el inglés» (Construcción simétrica).
Para generar esta entrada, he seguido el esquema de «Cómo se escribe», de Maria Teresa Serafini. Espero que te haya resultado útil. Seguro que si aplicas estos consejos, tus textos serán más fluidos y tus lectores disfrutarán más de tus trabajos literarios. 
¡Gracias por leerme y hasta la próxima!

domingo, 12 de abril de 2015

Seis errores comunes en escritores principiantes

¡Hola a todos!
Hoy me gustaría hablaros de algunos errores que encuentro con frecuencia en textos de escritores noveles y que podemos eliminar fácilmente si los tenemos en cuenta. No quiero enrollarme mucho, así que, como dice un amigo mío: «al lío».


  1. Cuidado con las palabras antiguas, raras o técnicas. El autor primerizo cree que utilizándolas demostrará al lector sus amplios conocimientos del idioma. Sin embargo, lo que consigue en realidad, es que el lector desconecte de la lectura porque no entiende el significado de esas palabras y no le queda más remedio que acudir al diccionario. (Esto último está bien si es de vez en cuando, pero solo si la palabra escogida es la que mejor expresa la idea que queremos contar).
  2. Cuidado con las palabras que te suenan pero que no sabes qué significan. Si tu hijo de cinco años te pregunta: «Papá, ¿qué significa "ladino"?» y te entran ganas de contestarle que se lo pregunte a mamá, es que no conoces el significado exacto de la palabra. Es mejor que lo compruebes en el diccionario o que no la utilices en tus textos.
  3. Cuidado con las cosas que los personajes son capaces de hacer a la vez. Hay personajes que son auténticos malabaristas, que se lavan los dientes mientras se abrochan la camisa y, además, cierran la puerta del armario y discuten enérgicamente con su pareja. Visualiza el momento y sé realista.
  4. Cuidado con los diálogos que cuentan cosas que los personajes ya conocen. En estos casos, el autor intenta dar información sobre el personaje y lo hace describirse, presentarse como un narcisista, recordarle a su amigo cómo y dónde se conocieron y los modelitos que lucían... En la vida real resulta muy molesto, en los diálogos resulta falso y poco creíble.
  5. Cuidado con las repeticiones en párrafos y diálogos. Dar la información en los diálogos hace fluir más el texto, pero si el narrador ya ha dicho que querían ir al cine a ver determinada película de moda, es absurdo que los personajes lo repitan en el diálogo y, mucho más, que lo hagan con las mismas palabras.
  6. Cuidado con los diálogos que olvidan personajes. A veces, el autor se centra en la conversación de los personajes principales y olvida que Fulanito, el secundario, está ahí presenciándolo todo. ¿Tiene algo que decir? ¿Alguna reacción que demuestra que sigue vivo y no ha quedado petrificado mientras los otros hablan?
Espero que estos consejos os sean de utilidad para que vuestros textos brillen. La forma de pulirlos es tenerlos en cuenta y seguir practicando, así que ¡ánimo!

miércoles, 8 de abril de 2015

Cuestiones del "Deber"

¡Hola a todos!
La entrada de hoy será breve, pero instructiva. Me he dado cuenta de que, con frecuencia, se confunden las perífrasis verbales que se forman con el verbo deber.
  • Deber + infinitivo, significa obligación.
«El médico dice que debo hacer deporte para mejorar mi salud.»
  • Deber de + infinitivo, significa probabilidad.
«Debes de estar loca si crees que subiré ahí.»

¿Los intercambias sin darte cuenta? Espero que a partir de ahora ya no tengas ese problema. Si te ha sido útil me gustará leer tu comentario. Y... ¡gracias por leerme!

lunes, 6 de abril de 2015

Repasando los pretéritos del indicativo

¡Hola a todos!

Esta mañana estaba «discutiendo» con mi marido acerca del uso de algunos tiempos verbales en pasado. Veréis, él puede llegar del trabajo con una barra de pan y decir:
«¡Compré pan para cenar!»

Yo lo corrijo (soy una bruja, lo sé) y le digo:
«He comprado pan para cenar; "compré" sería si lo hubieras comprado ayer.»

Él me dice que estoy loca, que esta forma de hablar debe de tener algo que ver con el catalán porque él, que se crió en Galicia, no lo estudió así.
Puede que esté un poco loca, pero eso no se lo discuto...

El caso es que he visto el mismo problema en algunos textos que me he ido encontrando por Internet, y he pensado que sería útil plasmar el uso correcto de esos tiempos del indicativo (en parte para convencer a mi querido esposo, jeje).

En Internet he encontrado esta imagen que nos va a ser muy útil para comprender la utilidad de cada opción verbal.
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tiempos_verbales_del_indicativo.png
  • Pretérito perfecto simple: canté. Indica una acción que ya acabó y no guarda relación con el presente.
«El año pasado canté en el Liceo.»
«Ayer compré el pan.» ;)
  • Pretérito imperfecto: cantaba. La acción está ocurriendo en el pasado. También expresa acciones habituales o repetidas en determinadas épocas del pasado.
«-¡Cuidado! -gritó mientras la ayudaba.»
«En la Edad Media reinaba la oscuridad.»
  • Pretérito perfecto compuesto: he cantado. Acaba de pasar ahora/hoy.
«Ya me he duchado y me voy a la cama.»
  • Pretérito pluscuamperfecto: había cantado. Indica un hecho del pasado que está relacionado con otro posterior pero que también está en el pasado.
«Cuando sus amigos llegaron a casa, ya se había ido.»
  • Pretérito anterior: hube cantado. Está prácticamente en desuso. Indica una acción que es inmediatamente anterior a algo que ocurrió en el pasado. Normalmente va precedido de: cuando, tan pronto como, luego que, no bien, apenas...
«Tan pronto como hubo comido, salió de casa.»
  • Condicional perfecto: habría cantado. Expresa un futuro hipotético relacionado y condicionado en el pasado. También se refiere a algo que ha podido ser, pero que ya no será.
«No estabas, pero habría cantado para ti.»

Para esta entrada he consultado el libro: «La fuerza de las palabras. Cómo hablar y escribir para triunfar» Selecciones del Reader's Digest.

Espero que estas sencillas indicaciones os hayan sido útiles, si es así, me encantará leer vuestros comentarios. ¡Gracias por leerme!




domingo, 16 de noviembre de 2014

Empatía



La empatía es una de las herramientas estrellas del escritor. Según la RAE, es la «capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos». Muchos la describirán como «ser capaces de ponernos en los zapatos de otro». Recurrimos a ella cada vez que describimos un sentimiento, los pensamientos de un personaje, sus reacciones...

Muchos lectores piensan que todo lo que escribimos parte de nuestras experiencias personales y eso puede ser verdad... solo en parte.

Es cierto que recurrir a nuestra maleta de experiencia nos ayudará a plasmar los sentimientos con realismo, pero el escritor debe ir más allá. ¿Qué siente una persona al perder a un ser querido? ¿Y al ser rechazado por el ser amado? ¿A qué sabe la inseguridad o el miedo de tener que dar una mala noticia o de decepcionar a alguien que nos importa? Puede que hayamos pasado por alguna de estas situaciones y entonces tengamos claro qué palabras utilizar para hacer sentir al lector lo mismo que nosotros sentimos en aquel momento dado de nuestras vidas. Pero, ¿qué pasa si no contamos con esa experiencia? Pues que debemos abrir nuestro maletín de herramientas y echar mano de la empatía.

¿Cómo lo hacemos?

1. Debemos empezar por observar. Mientras vamos en el metro, paseamos por la calle, sentados en un banco, en el centro comercial, en la feria... Cualquier lugar público es idóneo para fijarse en cómo se comportan las personas y cómo reaccionan. ¿Se les ve tristes, estresados, aburridos, enfadados, dichosos? ¿Qué les hace estar así? ¿Odian los lunes, el transporte público? ¿Se han molestado con el de al lado?
Puede ser muy útil llevar siempre una libreta y un boli a mano. Es fácil que nos asalten ideas, frases célebres o las semillas necesarias para crear una nueva historia. ¿Actuaría mi personaje como el señor que tengo delante? ¿Reaccionaría como el que acaba de bajarse del autobús?

2. Escucha a los demás con la mente abierta y sin prejuicios. Si no escuchas, te perderás la información. Si lo haces con el filtro de los prejuicios, la información que recibas estará distorsionada o tendrá siempre la misma tendencia de opinión, la tuya. Ábrete a los pensamientos y las percepciones de los demás. Tus personajes serán mucho más ricos psicológicamente.

3. Etiqueta las emociones. Al observar y escuchar a los demás, intenta ponerle nombre a las emociones que crees que están sintiendo o describiendo. Esta práctica te ayudará a reconocerlas mejor y a ser más preciso cuando escribas; probablemente también aumente tu vocabulario (si no te conformas con «está triste o alegre», claro).

Siguiendo estos pasos conseguiremos que nuestros relatos y novelas estén llenos de personajes ricos y realistas.

¿Cuántos zapatos tiene tu zapatero de emociones?

miércoles, 29 de octubre de 2014

Recordatorios ortográficos (1)


¡Hola a todos! Con esta entrada pretendo refrescar algunas memorias (la mía la primera, jeje). Para poder escribir es imprescindible tener algo que contar, explicar o enseñar. Ahí nuestra creatividad será la reina. Ella será la encargada de conseguir que nuestro trabajo no sea un texto más en el mundo de las letras. Hará que resalte por los sentimientos que despierta en nosotros, por lo sencillo que parece algo complicado después de la lectura, por su ternura, originalidad, frescura, ingenio... Ella marcará con su sello nuestras composiciones, le dará identidad. ¿Pero qué sería de la reina Creatividad sin su querida amiga Ortografía? Ella viste las palabras con estilo y precisión. Sus puntos son siempre firmes y bien hilvanados. Ella engalana las palabras con sus peinados, colocando los acentos, cual tocados, en los lugares adecuados. La Creatividad, presumida de nacimiento, disfruta de la compañía de su amiga Ortografía. Sabe que con ella es más hermosa y que sus admiradores la aprecian y la valoran. ¿Seremos nosotros quienes la olvidemos y dejemos nuestros textos sin sus trajes de alta costura? ¡No, por favor! Aquí van algunos recordatorios que espero que os sean de utilidad:

1. Las MAYÚSCULAS siempre se acentúan. Antiguamente, cuando los cajistas eran los encargados de componer el texto y no los modernos procesadores de texto, tenían el inconveniente de que los acentos tendían a caerse. El producto final eran textos en los que algunas mayúsculas iban acentuadas y otras no. Por eso se optó por no acentuarlas y así mantener la coherencia en todo el escrito. Pero de esto hace ya muchos años. Los acentos ya no se "caen" y no debemos olvidarnos de ellos, nunca.

2. Han perdido la tilde:
  • La "o" entre números: 3 o 4.
  • La primera y tercera persona del pretérito perfecto simple de estos verbos: liar (lie, lio), criar, fiar, ir, dar. La tercera persona del pretérito perfecto simple de reír y freír. Algunos de estos todavía me duelen escribirlos sin acento :(
  • Siguen siendo optativos: sólo/solo, guión/guion, ión/ion, truhán/truhan. Debemos escoger una de las formas y utilizar la misma a lo largo de todo el texto.
3. Se separan por un espacio las unidades de medida (kg, m, ºC...) de las cifras que acompañan. Ej.: 25 kg

4. No pueden separarse al final de línea:
  • Las cantidades expresadas en cifras de la unidad de medida que las complementan. 25 kg (aunque se separen por un espacio deben quedar juntos en la misma línea. No puede quedar 25 al final y empezar el siguiente renglón con kg).
  • Las cifras (lo mismo que el ejemplo anterior).
  • Los dígrafos españoles: ch, gu, qu, ll, rr.
  • Diptongos, hiatos y triptongos. Ej.: poe-ta.
  • La unión "tl" tampoco puede separarse. Ej.: atle-ta (at-leta, no).
  • Cuando la primera o última sílaba de la palabra sea una vocal, no podrá quedar huérfana ni a principio ni a final de renglón. Ej.: abe-cedario (a-becedario, no).
  • Las sílabas terminadas con dos consonantes son inseparables. Ej.: cons-tar.
Vistamos nuestros textos con elegancia para que lleguen a nuestros lectores como auténticas obras de arte. ¡Saludos y a escribir!

martes, 14 de octubre de 2014

Cómo corregir tu obra (segunda parte)


¡Hola a todos!

Hoy trataré algunas cuestiones de estilo necesarias para que nuestro escrito tenga una apariencia profesional. Lo ideal sería que recurrieseis a uno, pero nunca está de más conocer estos principios.
Si estás preparando tu novela para autopublicarla, te aconsejo que leas esta entrada atentamente. Si vas a presentar tu obra a un concurso o a una editorial, debes fijarte bien en los requisitos que piden y seguirlos al pie de la letra. En el caso de concurso, no obedecer las bases dejará tu trabajo fuera; y, en el caso de la editorial, considerarán como una falta de respeto, interés o profesionalidad que ignores sus premisas y no perderán el tiempo en alguien que no lo ha perdido antes en ellos.

¡Empecemos!

1. Unifica criterios:
  • La numeración de los capítulos y su título, si lo lleva, debe ser igual en todos ellos (tipo, cuerpo, posición en la página...).
  • Fechas. Escríbelas siempre igual (14/10/2014; 14.10.2014; 14-10-2014; 14 de octubre de 2014...).
  • Edades. Las escribas en cifras o en letras, sigue la misma norma en todo el escrito.
  • El espacio entre párrafos siempre debe ser el mismo. Lo ideal es definirlo en la opción «formato-párrafo» de tu procesador de texto. Si lo haces manualmente puedes encontrarte con este problema.
  • No abuses de las mayúsculas, negritas, cursivas o subrayado. Si necesitas resaltar una parte del texto sigue una progresión de intensidad (ej. cursiva, cursiva + negrita, cursiva +negrita + subrayado...).
  • Palabras biacentuales. Elijas la opción que elijas debes ser coherente y utilizar la misma en toda la obra (período/periodo, afrodisíaco/afrodisiaco, réptil/reptil...).
  • Conviene seleccionar todo el texto y hacer una búsqueda y reemplazo general de dos espacios. Suelen colarse y un lector sensible los notará.

2. Partes del libro que deben empezar en página impar:
  • Dedicatoria
  • Índice de contenido
  • Presentación
  • Prólogo
  • Capítulo primero de cada parte
  • La página que indica el inicio de parte. La siguiente va en blanco.
  • Epílogo
  • Primer anexo
  • Bibliografía
  • Índice de materias.

3. Página impar o par según corresponda:
  • Lista de cuadros e ilustraciones.
  • Agradecimientos.
  • Componentes anexos: cronologías, etc.
  • Los capítulos. Siempre empiezan página nueva. Si quieres que empiecen en impar, asegúrate de que así sea en toda la obra.

4. Capítulos: 
  • En la primera página, guarda un espacio en blanco antes de iniciar el texto como cortesía de arranque (13, 16 o 18 líneas).
  • La página final no debería tener menos de cinco líneas.

 5. Párrafos:
  • La primera línea de todos ellos debe ir sangrada, incluida la de los diálogos.
  • Deben acabar en una línea corta que no sea inferior a cinco letras sin contar el punto.
  • Se consideran párrafos antiestéticos:
    • Cuando el espaciado no es regular (líneas con mucho espacio entre las palabras y otras muy apretadas).
    • Demasiados guiones seguidos al final de línea. Máximo tres en novela y hasta cinco en columna. (Aunque en la editorial en la que trabajaba solo se consentían dos y tres respectivamente).
    • Cuando al principio o final de dos o más líneas seguidas aparecen las mismas palabras o fragmentos de palabras. 

6. Páginas:
  • No debería empezar con una línea corta que sea final de párrafo.
  • Páginas de cortesía. Deberían dejarse una o dos hojas en blanco (cuatro páginas) al comienzo del libro y como mínimo una al final.
  • Al mirar las páginas enfrentadas, las líneas de ambas páginas deben estar alineadas horizontalmente.
  • Las páginas en blanco no van numeradas (de cortesía, cambio de capítulo...), aunque contabilizan. Tampoco las páginas del principio en las que aparecen los derechos de autor, ni las que indican las distintas partes de la obra.

 7. Cursivas:
  • Para resaltar una palabra.
  • Cuando escribes un autónimo.
  • Títulos (literarios, canciones, películas y cuadros).
  • En obras de teatro, las acotaciones del autor.
  • Palabras extranjeras.
  • Argot. La jerga que no pertenece a la lengua estándar.
  • Citas.
  • Nombres propios de aparatos (aviones, barcos, trenes...).
  • Los signos de puntuación que acompañan a la palabra o frase en cursiva. Ej. ¡Hola, Laura!
 
8. Subíndices y superíndices (incluidas las notas a pie de página o al final del libro). Van unidas a la palabra que acompañan sin espacio que las separe. En el caso de la cita, si esta afecta a una palabra o frase seguida de signo de puntuación, la cita se coloca después de este y no irá ni en negrita ni en cursiva aunque el texto al que acompañe sí.
 

En el futuro seguiré tratando la corrección desde el punto de vista ortográfico. Es un tema amplio y básico que nos irá bien repasar. ¿Os han sido útiles estas premisas?

martes, 7 de octubre de 2014

Cómo corregir tu obra (Primera parte)


Has conseguido acabar tu obra. Te sientes satisfecho contigo mismo por haber alcanzado una meta, pero quieres más. Has pasado horas, días, semanas, meses, incluso años organizando tu escrito, dándole forma, puliéndolo como a un diamante en bruto. Estás  ilusionado y te encantaría que otros pudieran leer tu trabajo.

¿Qué haces? ¿lo entregas sin revisarlo porque la esencia de tu escrito es tan buena que no necesitas ni darle un vistazo? Error.

Debes valorar a tus lectores, respetarlos, mimarlos y cuidarlos. Si les enseñas un texto plagado de faltas de ortografía puede que tus adorados lectores no pasen del título. Esto es serio. No veas la ortografía como a una enemiga sino como a una compañera de viaje. Ella embellecerá tu obra y no permitirá que el lector esté sufriendo tics nerviosos cada vez que ve un error ortográfico.

Entonces, ¿qué pasos puedes seguir para dejar tu obra presentable?

1. Realiza una lectura analítica del texto. Este punto no tiene que ver propiamente con la ortografía, pero es imprescindible en una buena revisión. Cada frase debe ser importante, debe decir algo que haga avanzar la historia, algo relevante. Debes eliminar la paja, incluso las explicaciones que demuestran lo bien que te has documentado porque si no están relacionadas directamente con la historia, al lector no le interesarán. (Esas explicaciones puedes reservarlas para tu blog. Con ellas publicitarás tu obra y es posible que despiertes la curiosidad de tus lectores). Pregúntate si ese párrafo fluye; si esa frase retrasa la acción, la distrae. ¿Puedes decirlo de forma más sencilla que llegue al lector sin florituras innecesarias? Si es así, hazlo.

2. Atiende al corrector de tu procesador de textos. Esto puede parecer una tontería y seguro que ya lo haces, pero es fácil que, entre nombres de personajes y lugares que el corrector señala por desconocerlos, se te cuele alguna palabra mal escrita que él humildemente te indica en rojo, pero que no ves porque ya hay demasiado color en ese párrafo.

3. Utiliza un lector de textos. El ojo no ve lo que la mente da por sentado. La «ceguera del escritor» es un hecho y para contrarrestarlo puedes valerte de herramientas útiles. Las nuevas tecnologías aportan aplicaciones con grandes ventajas. Yo utilizo el lector del Fbreader, la aplicación con la que leo en el móvil. Mientras él lee en voz alta, yo sigo la lectura atentamente en silencio y cuando una palabra suena rara, es porque está mal escrita. Este sistema es muy práctico y me ayuda a eliminar gran parte de los errores ortográficos.

4. Busca un «lector alfa» que te ayude. Tiene que ser alguien de confianza, que domine la lengua, la gramática y la ortografía, que le guste leer y que tenga el valor de decir lo que piensa de tu trabajo con sinceridad y respeto. Debe resaltar cada error que encuentre y cuestionar las frases, párrafos o ideas que no acaben de convencerle. También te dirá si los personajes y sus diálogos son creíbles, si la trama es buena y está bien desarrollada o si hay algún capítulo que flaquea. No debes ofenderte nunca por sus críticas, porque te ayudará a descubrir las fisuras que debes reparar y contribuirá a que tu obra sea más sólida y tenga más calidad.

A pesar de tomar estas medidas concienzudamente, es probable que se te pase algún fallo por alto. Un corrector profesional dejará tu texto más pulido. Si puedes pagarlo te lo recomiendo.

Estos son los pasos que yo sigo para corregir, relacionados con el análisis y la ortografía del texto. Siempre es útil tener a mano el diccionario de la RAE, un diccionario de sinónimos y algún manual de gramática y ortografía para consultar en caso de dudas.

En la próxima entrada trataré aspectos de estilo para poder hacer una corrección más completa.

Y me despido con este refrán:
«No hay barco sin rata ni libro sin errata.»

¿Cómo corriges tus textos?


viernes, 3 de octubre de 2014

¡Tengo una idea! ¿Ahora qué?


¿Alguna vez os ha asaltado una idea que no podéis ignorar ni aunque os esforcéis? ¿Ha venido a vuestra mente algún personaje, alguna situación que sentís la imperiosa necesidad de plasmar en un papel? ¿Os habéis despertado en plena noche tras un sueño fantástico que os hace pensar que es el argumento idóneo para una gran novela? A mí me ha pasado, y no son pocas las veces que he tenido que levantarme a escribir cuatro apuntes a prisa y corriendo para que no se me olvidara nada importante.

Si la agitación que me provoca la nueva idea es tal que no puedo dejar de pensar en ella, empiezo a escribirla sin preocuparme por estructuras, profundidad de personajes ni veracidad de la situación. En ese momento escribo para liberar mi mente, para aclarar mis ideas y ver si la historia que nace es realmente interesante. Relleno hojas rápidamente, volcando sobre el papel todo lo que se me ocurre. La extensión variará con la idea, puede quedar como un pequeño cuento, un relato más o menos breve o, incluso, como una novela corta.

Hasta aquí queda satisfecha mi necesidad de escribir por escribir. Pero ¿es suficiente? En mi caso no. También quiero escribir para que me lean, y para eso, mi escrito necesita mucho más trabajo. Intentaré hacer una lista de los pasos que sigo. Tal vez os ayude.

1. Le doy muchas vueltas a la trama principal. ¿Es lo suficientemente atractiva como para atrapar al lector? ¿Le interesará a mucha gente o solo a mí? Aquí intento perfilar bien lo que podría ser un resumen de la historia, en el que el principio y el final están muy claros.

2. Características de los personajes. Físico, carácter, costumbres, gustos, manías, familia, trabajo, trasfondo social y cultural... Esta es la parte que me parece más tediosa, pero es necesaria. Cuanto más perfilados estén los personajes en este paso, menos cambios tendré que hacer después. Intento ser todo lo detallista que puedo, narrando incluso su pasado y en qué le ha afectado.

3. Esquema de la obra. En este punto voy un pelín más allá y dibujo una línea de tiempo en la que organizo todos los sucesos importantes (también las ideas nuevas que se me ocurran para añadir a mi escrito). Gracias a este hilo puedo ver casi claramente los capítulos que tendrá (digo casi porque solo será un guión, si por el camino se me ocurre una idea brillante, añado los capítulos necesarios y varío lo que haga falta). Puedo ver a groso modo cómo fluye la historia y si en cada capítulo ocurre algo que mantenga al lector atrapado en la historia.

4. Resumen de los capítulos. Aquí anoto el contenido del capítulo sin ser muy explícita. Utilizaré lo que ya tengo escrito y marcaré en qué capítulo va cada cosa.

5. Escenas. En este punto valoro cada capítulo y lo divido en escenas. En mis capítulos suelen haber cuatro escenas que (sin hacerlo a propósito, suelen ocupar seis páginas A4). Así si un capítulo es demasiado largo, me es muy fácil cortarlo. A veces intercalo capítulos más cortos para marcar un suceso muy concreto, normalmente de acción.

6. Desarrollar escenas. Por fin llegó el momento de escribir detalladamente cada capítulo, cada escena, cada diálogo.

La ventaja de este sistema es que si me atasco en una escena, puedo saltarla y continuar por otra que me cueste menos. También soy consciente todo el tiempo de cuál es la historia que quiero contar, qué quiero transmitir, ver si tiene fisuras  y observar la fluidez del texto.

¡He acabado mi novela! ¡He conseguido escribir la ansiada palabrita: "fin"! ¿Ya doy por terminada mi obra?
¡No, ni mucho menos! Ahora empieza toda una tarea de revisión y corrección exhaustiva. Un trabajo arduo que seguramente explicaré en otro post.

¿Qué método utilizáis vosotros?

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿La inspiración es una musa escurridiza?


¡Hola a todos!

Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión. ¿Es la inspiración un estímulo sobrenatural que nos hace producir arte espontáneamente y sin esfuerzo? ¿O es un efecto que podemos estimular?
Según Bécquer, el arte no se debe forzar. Hay que esperar a que llegue después de haberse madurado en nuestro interior. Esto es lo que le contestó a sus amigos cuando le instaron a buscar trabajos literarios para ganarse la vida:
"No se debe escribir, ni pintar, ni esculpir, ni componer música, más que cuando el espíritu siente la necesidad de dar a luz lo que ha creado en sus entrañas".
 Es posible que estéis tentados a estar de acuerdo. ¿Cuántas veces habéis evitado sentaros frente al ordenador porque no os sentíais inspirados? ¿Alguna vez las palabras han jugado al pilla-pilla en vuestra mente, al escondite? ¿Habéis llegado a pensar que la inspiración está en posesión de unas musas caprichosas que se niegan a prestárosla? A mí me ha pasado. Hay días que escribir parece una misión imposible, mientras que otros, las palabras fluyen y se enlazan, ellas solas se abren paso, como si no dependiera de mí sacarlas a la luz.

Es frustrante cuando la inspiración no llega. Pero, ¿realmente debemos cruzar los dedos y sentarnos a esperarla? No soy quien para cuestionar a mi querido Gustavo Adolfo Bécquer, sin embargo, ¿es cierto que solo se debe crear cuando se siente el impulso irrefrenable de la inspiración, cuando, en el caso de los escritores, la historia se adueña de nosotros y nos obliga a plasmarla en un papel?

Pablo Picasso dijo una vez:
"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando"
 Se puede provocar a las musas. Es posible vencer el temido folio en blanco. ¿Cómo?

1. Vence la tentación de procrastinar. El capítulo que tienes a medias continuará así eternamente si no te pones manos a la obra. No te rindas. Por difícil que sea el diálogo al que te enfrentes, por atragantado que se te haya quedado un personaje... Sigue intentándolo.

2. Evita las distracciones. Cierra las páginas de facebook, twitter, instagram... Pon en silencio tu teléfono móvil y cuelga en tu puerta el cartel de "no molestar". No querrás que te interrumpan cuando se te haya encendido la bombilla.

3. Empieza escribiendo sin exigirte, no importa que no te salga a la primera. Tómatelo como un calentamiento, en cuanto estés concentrado, las palabras se te ocurrirán con mayor facilidad.

4. Anota en otro documento las ideas que vayan surgiendo. Ordénalas y hazte un esquema de la escena que te toca escribir.  Desarrollarlo después te resultará mucho más sencillo.

5. Salta el escollo. Si estás muy atascado, escribe unas líneas con lo que debería ir ahí y continúa. Ya rellenarás el hueco más tarde.

6. Si nada de esto funciona, sal a dar un paseo o haz algo que te permita pensar (¡no enciendas la tele, eso adormecerá tus neuronas!).

Y un último consejo:

Escribe siempre. Ráscale al día un par de horas para dedicarte a la escritura. Si puedes más, mejor. Cuanto más practiques, más eficiente serás.

Para finalizar esta entrada, os dejo con unas rimas de Bécquer. Si os ha gustado, comentad y compartidlo. ¡Gracias por leerme!

"Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.

Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.

Deformes silüetas
de seres imposibles,
paisajes que aparecen
como al través de un tul.

Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del Iris
que nadan en su luz.

Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.

Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.

Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen
caballo volador.

Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embrïaguez divina
del genio creador.

Tal es la inspiración.
..."