martes, 29 de septiembre de 2015

¿Sabemos describir?

¡Hola a todos!
Cuando os enfrentáis a las descripciones, ¿cómo lo hacéis? ¿Describís a los personajes con tanto detalle que se les ven hasta las caries o preferís que el lector imagine cómo son? ¿Os gusta explicar todas las glorias y carencias de la flora y fauna de un lugar, o pasáis de esos aspectos por pareceros poco relevantes? Creo que este tema es bastante interesante, por eso os traigo mis propias conclusiones. Las descripciones...

Deben ser claras y realistas: Parecerá una tontería, pero esta es la premisa más importante y que más veces se ignora. Antes de escribir una sola palabra, imaginad la escena y a sus personajes. La imagen que tengáis en vuestra cabeza debe ser muy nítida y sería conveniente que os acompañara un inspector del CSI. ¿Por qué? Pues porque, a veces, estamos tan inmersos en nuestra historia, que olvidamos las leyes de la física (esto también vale para los mundos de fantasía. Todos ellos tienen sus reglas y las descripciones deben ser coherentes con ellas). ¡No exagero! Os pondré un ejemplo:
«Fulanita estaba furiosa con su marido porque había vuelto a dejar abiertos todos los armarios de la cocina. ¿Es que no entendía que eso no era bueno para sus nervios? Galopó hasta el cuarto de baño, consciente de que él la seguía, y, mientras se lavaba los dientes, se deshacía la trenza y hacía pipí, le gritaba que era un insensible...»
Ya sé que se dice mucho eso de que las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez, pero ¡cuidado!, solo tenemos dos manos y una boca. Si puedes, comprueba si lo que has descrito puede hacerse. Es difícil gritar cuando te estás lavando los dientes, en ese caso, el espejo sufriría la ira de Fulanita, ¡ah, no!, ¡que también estaba haciendo pipí! No necesitamos enumerar muchas acciones para demostrar que nuestro personaje está a punto de colapsar. Si escogemos bien las palabras, con una acción potente nos sobra.
Cuando acabemos la descripción, dejemos que la lea nuestra parte crítica (el inspector del CSI). No seamos benévolos con nosotros mismos. Si algo no encaja o nos hace levantar una ceja... cambiémoslo.

Deben ser constantes y sutiles: Bien, y eso ¿qué significa? Pues con ello quiero decir que no deben distraer al lector ni alejarlo de la acción de la escena. Imaginad que queremos describir una pelea. Dos de nuestros protagonistas están deseando hacerse unos arreglitos faciales entre sí. Llevan toda la novela retándose con miradas asesinas y comentarios mordaces, y llega el momento de pasar a las manos. Fijaos en el ejemplo:
«La ira explotó dentro de Cetanito. Sin poder controlarse más, se abalanzó contra Menganito y lo golpeó en la mandíbula con la fuerza de un titán. Sintió crujir los dientes de su enemigo y sonrió satisfecho. Menganito se tambaleó un poco, pero no estaba dispuesto a dejarse intimidar delante de su adorada Fulanita. Se había vestido para la ocasión, con traje gris de raya diplomática, una camisa de seda de color azul noche, una corbata con destellos plateados y sus mejores zapatos; incluso llevaba el rolex de su abuelo. Antes de lanzarse contra Cetanito como un tornado furioso, observó su alrededor y maldijo en silencio. Su rival había escogido ese lugar a propósito para mancillar sus recuerdos con Fulanita. No podría volver a mirar con cariño esas praderas salpicadas de coloridas margaritas, ni relajarse ante el divertido sonido de los pajarillos; tampoco volvería allí para jugar al escondite entre las ruinas vestidas de verde musgo; tendría que buscar otro sauce llorón bajo el que hacer manitas con su adorada Fulanita. La rabia lo recorrió de los pies a la cabeza y le lanzó una patada...»
En este texto aparecen dos descripciones: una de vestuario y otra de ambiente. Ambas interfieren en la acción, retrasándola. ¿De verdad creéis que el lector necesita saber todos los detalles de la vestimenta del personaje? Bueno, si fuese a salir corriendo al Corte Inglés para vestirse igual, tal vez, pero dudo de que la mayoría de los lectores hagan algo así. Nuestras historias no deben ser interrumpidas por anuncios gratuitos. Nadie nos dará comisión por ello. Pensadlo.
Es bueno enmarcar la escena en un lugar y, para ello, podemos hacer una descripción más o menos detallada. Si es extensa, es mejor ponerla al principio de la escena, para que el lector se sitúe; si es una descripción activa, podemos ir entrelazándola con la acción:
«Menganito cayó inconsciente sobre las coloridas margaritas, salpicándolas de sangre. Cetanito aprovechó para atarlo en el tronco del sauce llorón que había sido testigo de sus besos secretos con Fulanita. Lo miró con desprecio y sonrió. Su traje había quedado convertido en harapos. Ese niño pijo se lo pensaría dos veces antes de acercarse a su prima de nuevo. Le quitó el rolex y se lo guardó en el bolsillo, seguro que encontraría a quién vendérselo.» 
Pero nunca, nunca, debemos detener la acción para describir. Dejemos que nuestros lectores disfruten de nuestras historias sin interrupciones ni anuncios publicitarios, para eso ya tienen la televisión.

Deben tener en cuenta todos los sentidos: Al describir, no podemos centrarnos solo en lo que nuestros personajes ven. ¿Qué sienten? ¿Qué perciben? Tal vez sus estómagos se despiertan al oler un rico estofado, o se estremecen por el frío de las gotas de lluvia; puede que una voz les traiga recuerdos o los ponga nostálgicos, o el olor de una persona desconocida les resulte familiar. No nos limitemos a describir cómo visten o qué ven, porque aunque sean personas imaginarias, son tan sensitivas como las reales, y solo así, sus vidas, acariciarán el alma del lector.



Deben tener en cuenta el significado de las palabras: De nuevo, esta premisa puede pareceros absurda, pero no lo es. Las descripciones se forman con palabras y es nuestro deber encontrar las más adecuadas para lo que queremos transmitir o mostrar. Ampliar nuestro vocabulario será nuestra mejor opción, y el diccionario será nuestro mejor aliado. No podemos ser perezosos en esto. Cuando escribo, siempre tengo abiertos tres diccionarios: el de la RAE, el Panhispánico de dudas y el de sinónimos y antónimos. Ante cualquier duda, por nimia que me parezca, acudo a ellos. Os sorprendería la de veces que he descubierto palabras que están fuera de contexto porque los autores que las han enlazado creían que significaban algo totalmente distinto.
Volviendo al primer ejemplo, al de la histérica de Fulanita. Por bruja que parezca, no me la imagino subiéndose en la escoba y galopando sobre ella hasta el baño, ¿vosotros, sí?

Esto es todo por hoy, pero no doy por finalizado este tema porque podemos aprender mucho más de él. De momento, pensemos en estos cuatro puntos para ponerlos en práctica. ¿Os han sido útiles? ¿Qué pensáis de las descripciones y de los puntos expuestos?